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- LEINAD : ) - Guitar Acoustic Romantic Spanish Music Composer
- Compositor de música acústica romántica en español
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- Daniel Rabadan
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Daniel Rabadan Farias Leinad - Quito - Ecuador -
Vendedor Profecional
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Musico, Cantante
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Los dinosaurios saurópodos podrían haber producido suficiente gas metano de efecto invernadero con sus flautulencias para aumentar la temperatura del planeta hace millones de años, provocando su propio "calentamiento global", según un estudio que publica la revista Current Biology.
Los saurópodos, conocidos por su enorme tamaño y su largo cuello, eran dinosaurios hervíboros que habitaban el planeta hace 150 millones de años. De manera similar a las actuales vacas, contaban en sus aparatos digestivos con microbios productores de metano que les ayudaban a digerir las plantas de las que se alimentaban. Ahora, un modelo matemático ha permitido a Dave Wilkinson y sus colegas de la Universidad John Moores de Liverpool (reino Unido) calcular que los gigantescos reptiles producían más metano que todas las fuentes naturales actuales y artificiales juntas.
Para llegar a esa conclusión, los científicos analizaron la producción de metano por parte de distintos animales modernos y crearon una ecuación matemática que predice cuánto metano produciría un animal conociendo su tamaño. Un saurópodo medio pesaba 20.000 kilogramos y vivía en concentraciones de una a varias decenas de adultos por kilómetro cuadrado. Con estos datos, se estima que la emisión de metano por parte de los saurópodos podría haber alcanzado hasta 520 millones de toneladas por año. Una cifra muy alta si lo comparamos con las que producen los rumiantes actuales (vacas, jirafas, cabras, etc.), que ronda las 50-100 toneladas anuales.
Los saurópodos, conocidos por su enorme tamaño y su largo cuello, eran dinosaurios hervíboros que habitaban el planeta hace 150 millones de años. De manera similar a las actuales vacas, contaban en sus aparatos digestivos con microbios productores de metano que les ayudaban a digerir las plantas de las que se alimentaban. Ahora, un modelo matemático ha permitido a Dave Wilkinson y sus colegas de la Universidad John Moores de Liverpool (reino Unido) calcular que los gigantescos reptiles producían más metano que todas las fuentes naturales actuales y artificiales juntas.
Para llegar a esa conclusión, los científicos analizaron la producción de metano por parte de distintos animales modernos y crearon una ecuación matemática que predice cuánto metano produciría un animal conociendo su tamaño. Un saurópodo medio pesaba 20.000 kilogramos y vivía en concentraciones de una a varias decenas de adultos por kilómetro cuadrado. Con estos datos, se estima que la emisión de metano por parte de los saurópodos podría haber alcanzado hasta 520 millones de toneladas por año. Una cifra muy alta si lo comparamos con las que producen los rumiantes actuales (vacas, jirafas, cabras, etc.), que ronda las 50-100 toneladas anuales.
Hace 150 millones de años, en el Jurásico Superior, vivió en Alemania un megalosaurio cubierto de plumas filamentosas, parecidas a finos cabellos. Los paleontólgos que han descubierto sus restos fósiles lo han bautizado como Sciurumimus por su cola espesa,
en honor a las ardillas del género Sciurus. Se trata del primer caso de
megalosaurio emplumado que se ha descrito, según publica hoy la revista
Proceedings of the National Academy of Sciences (PNAS).
Los restos fósiles de pluma en este animal contribuyen a ?llenar un vacío en el conocimiento de la evolución temprana de uno de los grupos de dinosaurios depredadores más importantes?, ha explicado a la agencia SINC Oliver Rauhut, paleontólogo de la Universidad Ludwig Maximilian de Múnich y coautor del hallazgo.
Según Rauhut, el buen estado de conservación del fósil indica que tenía una calavera grande y las patas traseras cortas. Las plumas más finas se distribuirían por debajo del vientre y sobre las vértebras dorsales, y tendría plumas por todo el cuerpo. Sus plumas filamentadas le quitan la exclusiva a sus primos, los celurosaurios, que hasta ahora era el único grupo de terópodos emplumados que se conocían. Los terópodos son un suborden de los dinosaurios saurisquios, ancestros de los actuales pájaros, caminaban a dos patas y eran carnívoros.
"Nuestro hallazgo es relevante en el árbol genealógico de los dinosaurios depredadores, pero también en su origen común con el resto", dice Rauhut. "Ahora tenemos evidencias de que los dinosaurios no celurosaurios también tenían protoplumas; puede que todos los dinosaurios las tuvieran".
Las plumas de este predador no le permitieron volar, según los investigadores, y su principal función fue el aislamiento térmico. La capa solo tiene sentido si estos animales fueron endotérmicos, un indicio más de que estos animales eran de sangre caliente.
Los restos fósiles de pluma en este animal contribuyen a ?llenar un vacío en el conocimiento de la evolución temprana de uno de los grupos de dinosaurios depredadores más importantes?, ha explicado a la agencia SINC Oliver Rauhut, paleontólogo de la Universidad Ludwig Maximilian de Múnich y coautor del hallazgo.
Según Rauhut, el buen estado de conservación del fósil indica que tenía una calavera grande y las patas traseras cortas. Las plumas más finas se distribuirían por debajo del vientre y sobre las vértebras dorsales, y tendría plumas por todo el cuerpo. Sus plumas filamentadas le quitan la exclusiva a sus primos, los celurosaurios, que hasta ahora era el único grupo de terópodos emplumados que se conocían. Los terópodos son un suborden de los dinosaurios saurisquios, ancestros de los actuales pájaros, caminaban a dos patas y eran carnívoros.
"Nuestro hallazgo es relevante en el árbol genealógico de los dinosaurios depredadores, pero también en su origen común con el resto", dice Rauhut. "Ahora tenemos evidencias de que los dinosaurios no celurosaurios también tenían protoplumas; puede que todos los dinosaurios las tuvieran".
Las plumas de este predador no le permitieron volar, según los investigadores, y su principal función fue el aislamiento térmico. La capa solo tiene sentido si estos animales fueron endotérmicos, un indicio más de que estos animales eran de sangre caliente.
Un equipo de astrónomos de la Universidad de Helsinki, el Observatorio
de París y la Universidad de Hawái han simulado el paso de 10 millones
de asteroides
junto a la Tierra y han llegado a la conclusión de que, gracias a la
gravedad, debió atrapar a algún pequeño objeto celeste y que, en algún
momento, además de la Luna, hubo al menos una "miniluna" de un metro de diámetro girando en torno a nuestro planeta.
Según la simulación, los asteroides que la Tierra pudo capturar no
giraban en círculos, sino siguiendo una compleja trayectoria definida
simultáneamente por la gravedad de la Tierra, la de Luna y la del Sol.
La "miniluna" típica podría haber girado alrededor del planeta azul
durante 9 meses, aunque algunas podrían haber acompañado a la Tierra
durante décadas.
La simulación ha podido ser realizada gracias al uso del superordenador francés Jade. "En un ordenador personal normal tardaríamos seis años en hacer lo mismo", ha explicado Jeremie Vaubaillon, coautor del trabajo que publica la revista científica Icarus.
"Las minilunas son científicamente muy interesantes", añade su compañero Robert Jedicke, que considera que una miniluna podría regresar algún día a la Tierra aportando a los astrónomos "un modo sencillo de examinar una muestra de material que no ha cambiado mucho desde los comienzos del sistema solar hace 4.600 millones de años".
La simulación ha podido ser realizada gracias al uso del superordenador francés Jade. "En un ordenador personal normal tardaríamos seis años en hacer lo mismo", ha explicado Jeremie Vaubaillon, coautor del trabajo que publica la revista científica Icarus.
"Las minilunas son científicamente muy interesantes", añade su compañero Robert Jedicke, que considera que una miniluna podría regresar algún día a la Tierra aportando a los astrónomos "un modo sencillo de examinar una muestra de material que no ha cambiado mucho desde los comienzos del sistema solar hace 4.600 millones de años".
Un grupo de investigadores españoles ha documentado más de 4.000
mutaciones presentes en distintos tumores cancerígenos para facilitar
la identificación de los genes implicados en cada caso clínico.
El sistema busca allanar el terreno hacia la secuenciación rutinaria
del genoma del paciente y su cotejo automático con los datos registrados
para elaborar un tratamiento personalizado del cáncer.
El cáncer se origina debido a las disfunciones presentes en nuestros genes desde el día de nuestro nacimiento, y también a la alteración de los mismos a lo largo de nuestra vida fruto de agentes externos. No obstante y según este estudio, no todas las alteraciones presentes en los genes conducen irremediablemente al inicio de la enfermedad, de modo que es fundamental la detección de los que sí constituyen un desencadenante.
Para ello, los científicos de la Universidad Pompeu Fabra (España) analizaron las características de 4.623 tumores de 13 órganos diferentes a través de un sistema de algoritmos. Con los datos sustraídos elaboraron una amplia base de datos que será actualizada continuamente y que servirá para clarificar qué patrones sitúan a ciertos genes y mutaciones como simiente de la enfermedad.
Este trabajo sienta las bases para el avance de los tratamientos personalizados contra el cáncer y el diseño de estrategias terapéuticas específicas para el tumor de cada paciente
El cáncer se origina debido a las disfunciones presentes en nuestros genes desde el día de nuestro nacimiento, y también a la alteración de los mismos a lo largo de nuestra vida fruto de agentes externos. No obstante y según este estudio, no todas las alteraciones presentes en los genes conducen irremediablemente al inicio de la enfermedad, de modo que es fundamental la detección de los que sí constituyen un desencadenante.
Para ello, los científicos de la Universidad Pompeu Fabra (España) analizaron las características de 4.623 tumores de 13 órganos diferentes a través de un sistema de algoritmos. Con los datos sustraídos elaboraron una amplia base de datos que será actualizada continuamente y que servirá para clarificar qué patrones sitúan a ciertos genes y mutaciones como simiente de la enfermedad.
Este trabajo sienta las bases para el avance de los tratamientos personalizados contra el cáncer y el diseño de estrategias terapéuticas específicas para el tumor de cada paciente
De Salomé a Shakira han pasado 2.000
años. Ha llovido lo suyo, pero nunca lo suficiente para calmar los
sofocos que provoca en el hombre el contoneo de una cadera femenina.
Aquella princesa idumea, hija de Herodes, tomó siete velos y fue capaz
de subyugar a capricho a su padrastro con una de las danzas de cadera
más enigmáticas y lujuriosas que jamás había visto el ser humano. Ahíto
de impudicia, el hombre le sirvió en bandeja de plata la cabeza de Juan
el Bautista.
Fábula o verdad, la historia quedó recogida en las páginas del Nuevo Testamento, y desde entonces las danzas del vientre han cautivado con idéntica carga de misticismo, leyenda y erotismo. Pero ¿qué tiene la mitad inferior de nuestro cuerpo? ¿Es privilegio únicamente de unas pocas desafiar todas las miradas?
Fábula o verdad, la historia quedó recogida en las páginas del Nuevo Testamento, y desde entonces las danzas del vientre han cautivado con idéntica carga de misticismo, leyenda y erotismo. Pero ¿qué tiene la mitad inferior de nuestro cuerpo? ¿Es privilegio únicamente de unas pocas desafiar todas las miradas?
Eva las tiene anchas
La
respuesta a todas estas preguntas es casi unívoca: a poco que una mujer
contonea el paso cuando echa a andar, su sensual ritmo alcanza un
asombroso e irreverente poderío. Tan poderoso que no fue la costilla de
Adán, sino la cadera de Eva la responsable de convertirnos en lo que hoy
somos. Lo dice José Enrique Campillo Álvarez, catedrático de Fisiología en la Universidad de Extremadura y autor de La cadera de Eva,
dando así consistencia científica a este asunto: “De nada habrían
servido las prodigiosas contribuciones morfológicas, neuroendocrinas y
metabólicas que lograron, a lo largo de millones de años de evolución,
desarrollar nuestro gran cerebro si, paralelamente, no hubiera
evolucionado una cadera capaz de parir el cráneo que lo contiene. No
hubiera sido posible el crecimiento del cerebro a lo largo de la
evolución si no se hubiera acompañado de cambios en la pelvis de la
hembra. La cadera dio solución al principal problema que tuvo que
resolver la evolución: cómo parir una criatura con una cabeza cada vez
más voluminosa”.
Por eso ha sido clave en la evolución humana la
elección por parte del macho de una hembra con una proporción de
cintura-cadera menor de 0,8, inconfundible indicador de calidad
genética. “Quiere decir”, señala Campillo Álvarez, “que la elegida de
cadera ancha poseía buen estado nutricional y no estaba ya preñada. Y de ahí viene el gusto ancestral del macho por unas nalgas y caderas grandes, y un abdomen plano”.
La evolución debió de implantar en algún lugar del hipotálamo que una cadera generosa indicaba mayor facilidad para parir un cerebro grande. Es decir, menores problemas en el parto y mayor garantía de una prole abundante.
El mito de la fecundidad
Otro
error ha sido pensar que los andares femeninos y su balanceo
comprometedor son una señal biológica de que la mujer está lista para la
reproducción. De hecho, y frente a estudios anteriores, un equipo de
investigadores de la Universidad de Queen, en Ontario (Canadá), examinó
los niveles hormonales sexuales de un grupo de voluntarias que habían
sido calificadas como más sexys en sus andares y comprobó que estaban
más alejadas del período de ovulación.
Las que se encontraban en plenos días fértiles caminaban, sin embargo,
con un discretísimo movimiento de caderas y las rodillas más unidas.
¿Disuaden las mujeres con esta actitud a hombres no deseados durante su
período fértil? A la psicóloga Meghan Provost,
coordinadora de tal experimento, no le cabe la menor duda. En ese
momento, en lugar de atraer a un número amplio de competidores varones
les interesa forjar un vínculo fuerte con un solo hombre, con el que
criará a sus hijos y el único que hará ese largo viaje que describió Pablo Neruda:
“De tus caderas a tus pies”.
El orégano, ingrediente común de las pizzas y de muchas
salsas italianas, ha sido estudiado durante décadas por sus diversos
efectos beneficiosos para la salud. Ahora, un nuevo trabajo de
investigadores de la Universidad Long Island (EE UU) ha dado un paso más
al demostrar que un componente de esta especia podría usarse para tratar el cáncer de próstata, uno de los tumores masculinos que más muertes causan cada año.
El cáncer de próstata comienzan en la glándula prostática, y los expertos estiman que será la causa de la muerte de 1 de cada 36 hombres que viven hoy en el mundo. Actualmente se trata con radioterapia, terapia hormonal, quimioterapia y cirugía, que en unos casos son terapias invasivas, con posibles complicaciones, y en otros causan efectos secundarios indeseables.
Supriya Bavadekar, coautora del estudio, parecen haber hallado una alternativa en el carvacrol, componente del orégano. Sus trabajos revelan que esta molécula induce apoptosis, es decir, muerte celular programada o "suicidio celular" en las células tumorales de la próstata."Sabíamos que el orégano tiene propiedades anti-inflamatorias y que actúa como antibiótico, pero su efecto en las células cancerígenas coloca la especia en la categoría de "superespecia"", explica la investigadora. "Algunos científicos habían demostrado que comer pizza reducía el riesgo de cáncer, pero se solía atribuir a la salsa de tomate, que contienen licopeno", puntualizaba Bavadekar en la presentación del estudio durante el congreso Experimental Biology 2012. Ahora parece evidente que el orégano también contribuye a los efectos saludables del plato más popular de la cocina italiana.
El cáncer de próstata comienzan en la glándula prostática, y los expertos estiman que será la causa de la muerte de 1 de cada 36 hombres que viven hoy en el mundo. Actualmente se trata con radioterapia, terapia hormonal, quimioterapia y cirugía, que en unos casos son terapias invasivas, con posibles complicaciones, y en otros causan efectos secundarios indeseables.
Supriya Bavadekar, coautora del estudio, parecen haber hallado una alternativa en el carvacrol, componente del orégano. Sus trabajos revelan que esta molécula induce apoptosis, es decir, muerte celular programada o "suicidio celular" en las células tumorales de la próstata."Sabíamos que el orégano tiene propiedades anti-inflamatorias y que actúa como antibiótico, pero su efecto en las células cancerígenas coloca la especia en la categoría de "superespecia"", explica la investigadora. "Algunos científicos habían demostrado que comer pizza reducía el riesgo de cáncer, pero se solía atribuir a la salsa de tomate, que contienen licopeno", puntualizaba Bavadekar en la presentación del estudio durante el congreso Experimental Biology 2012. Ahora parece evidente que el orégano también contribuye a los efectos saludables del plato más popular de la cocina italiana.
La observación de estrellas que contienen sistemas planetarios en
formación permite a los astrónomos obtener pistas sobre los orígenes de
nuestro propio sistema solar. Un estudio publicado en The Astrophysical Journal ha analizado una región situada a 3.000 años luz de la Tierra en busca de indicios de formación de planetas.
La zona, conocida como Cefeo OB2, ofrece a los científicos una idea del ambiente en que se movía el Sol cuando se formó hace 4.600 millones de años. En ella se encuentran varias estrellas rodeadas de acúmulos de gas y polvo llamados discos protoplanetarios. Dichos discos han desaparecido de las estrellas más viejas, por lo que los científicos deducen que la formación de planetas debió suceder en etapas intermedias.
El estudio, en el que han participado investigadores de la Universidad Autónoma de Madrid, ha aprovechado las diferencias de temperatura en cada parte de los discos para poder estudiarlos. Como la estrella central calienta el disco protoplanetario, las partes interiores alcanzan temperaturas de hasta 1.200 grados, mientras que las zonas externas se encuentran a - 240. Debido a esto, cada región del disco emite luz de un color, y las longitudes de onda mayores indican zonas más frías. De esta forma, al combinar observaciones a distintas longitudes de onda es posible obtener información sobre las distintas zonas del disco.
Los científicos han encontrados discos en los que hay indicios de formación de cometas
y planetas similares a los de nuestro Sistema Solar. Por ejemplo,
algunos discos carecen de gas y polvo fino en su parte más interna y
podrían conducir a la formación de planetas gigantes como Júpiter.
En los discos de edades intermedias, los granos de polvo se han
aglomerado en partículas que tienen una composición y organización
similar a la observada en el polvo de cometas del Sistema Solar.
Otros discos, sin embargo, plantean incógnitas, ya que tienen edades
que superan los 10 millones de años y sin embargo no se observan en
ellos indicios de formación planetaria.
Del mismo modo que las personas son exigentes a la hora de escoger el
colchón sobre el que quieren dormir -que no sea demasiado duro, pero
tampoco demasiado blando- las células también lo son. De hecho, la rigidez del entorno celular es tan importante que puede determinar si una célula madre se diferenciará en hueso o grasa, por ejemplo. Incluso si una célula se comportará normalmente o se volverá cancerosa.
En un artículo publicado en el último número de la revista PNAS, investigadores del Institut de Bioenginyeria de Catalunya (IBEC) de Barcelona anuncian el descubrimiento de un mecanismo crucial por el cual las células exploran su medio, que los ha acercado un paso más a entender cómo interactúan con lo que las rodea. Este resultado abre puertas a poder predecir o incluso controlar el comportamiento celular.
"Cómo una célula puede medir la rigidez de su entorno ha sido un misterio desde hace mucho tiempo," explica Pere Roca-Cusachs, investigador senior en el grupo de Biomecánica Celular y Respiratoria del IBEC, que llevó a cabo la investigación con colaboradores de los EEUU. "¿Ejerce una fuerza determinada sobre su medio, y entonces mide cuánto se mueve, como una persona salta sobre una cama para ver cómo cede? ¿O bien aplica una determinada distorsión, y entonces mide cuánta fuerza requiere? Además, ¿la medición la realiza la célula como un todo, o tiene múltiples sensores en miniatura que comprueban la rigidez en diferentes puntos?"
Para responder a estas preguntas, los científicos colocaron células sobre un lecho de pilares nanométricos flexibles. "Siguiendo el movimiento de estos pilares, fuimos capaces de trazar un mapa de cómo las células ejercen fuerzas en su medio con una resolución jamás obtenida," explica Pere. "Usando esta técnica, descubrimos que el sensor de rigidez de las células es un pequeño complejo de no más de un micrómetro (1/1.000 de milímetro) de largo." Los investigadores también comprobaron que la célula posee múltiples copias de este complejo, y que todas aplican un desplazamiento constante de 60 nanómetros - menos de 1/10.000 de milímetro. Los sensores miden entonces la fuerza aplicada para deducir la rigidez del medio.
"Estos hallazgos representan un paso muy importante hacia la comprensión de cómo las células interactúan con su medio, un conocimiento crucial para fabricar órganos como pulmones o corazones in vitro o tratar enfermedades como el cáncer," dice Pere.
En un artículo publicado en el último número de la revista PNAS, investigadores del Institut de Bioenginyeria de Catalunya (IBEC) de Barcelona anuncian el descubrimiento de un mecanismo crucial por el cual las células exploran su medio, que los ha acercado un paso más a entender cómo interactúan con lo que las rodea. Este resultado abre puertas a poder predecir o incluso controlar el comportamiento celular.
"Cómo una célula puede medir la rigidez de su entorno ha sido un misterio desde hace mucho tiempo," explica Pere Roca-Cusachs, investigador senior en el grupo de Biomecánica Celular y Respiratoria del IBEC, que llevó a cabo la investigación con colaboradores de los EEUU. "¿Ejerce una fuerza determinada sobre su medio, y entonces mide cuánto se mueve, como una persona salta sobre una cama para ver cómo cede? ¿O bien aplica una determinada distorsión, y entonces mide cuánta fuerza requiere? Además, ¿la medición la realiza la célula como un todo, o tiene múltiples sensores en miniatura que comprueban la rigidez en diferentes puntos?"
Para responder a estas preguntas, los científicos colocaron células sobre un lecho de pilares nanométricos flexibles. "Siguiendo el movimiento de estos pilares, fuimos capaces de trazar un mapa de cómo las células ejercen fuerzas en su medio con una resolución jamás obtenida," explica Pere. "Usando esta técnica, descubrimos que el sensor de rigidez de las células es un pequeño complejo de no más de un micrómetro (1/1.000 de milímetro) de largo." Los investigadores también comprobaron que la célula posee múltiples copias de este complejo, y que todas aplican un desplazamiento constante de 60 nanómetros - menos de 1/10.000 de milímetro. Los sensores miden entonces la fuerza aplicada para deducir la rigidez del medio.
"Estos hallazgos representan un paso muy importante hacia la comprensión de cómo las células interactúan con su medio, un conocimiento crucial para fabricar órganos como pulmones o corazones in vitro o tratar enfermedades como el cáncer," dice Pere.
El Andalgalornis, un pájaro de metro y medio de alto que no podía volar y vivió hace entre 23 y 5 millones de años, en el período conocido como Mioceno, fue un temido depredador que propinaba golpes de boxeador para matar a sus presas, según revela un estudio realizado por un equipo internacional de paleontólogos.
Para llegar a esta conclusión, los investigadores utilizaron un escáner del cráneo del animal realizado con tomografía computerizada y técnicas de ingeniería, que permitieron reproducir sus movimientos en tres dimensiones en un ordenador. Es la primera vez que se analiza el método de ataque de un ejemplar de un grupo ya extinto de grandes aves no voladoras de la familia Phorusrhacidae, conocidas popularmente como "pájaros del terror" por su imponente tamaño.
En concreto, el ejemplar estudiado vivió en el noroeste de Argentina hace seis millones de años, medía 1,4 metros de alto y pesaba unos 40 kilos. Su cráneo, extremadamente rígido, medía 37 centímetros y estaba dotado de un pico curvado como el de un halcón y sorprendentemente hueco por dentro. Las técnicas muestran que la ágil criatura atacaba y se echaba hacia atrás repetidamente tras cada preciso golpe que propinaba a su víctima. Los detalles han sido publicados en la revista PLoS ONE.
Los científicos, de Argentina, EEUU, Australia y Francia lograron determinar su método de caza al comparar modelos en 3D del pájaro del terror y de dos especies actuales, el águila y la seriema, considerada como su pariente vivo más cercano. Los investigadores también midieron la fuerza de la mordedura del ave en comparación con el águila y la seriema y determinaron que era menor de lo esperado. Por ello, el "ave del terror" se veía obligado a emplear un método parecido al de los boxeadores, consistente en una estrategia de ataque y retirada, con golpes precisos como los de un hacha.
"Las aves en general presentan un cráneo con gran cantidad de puntos de movilidad entre los huesos que lo componen, que les permite tener cráneos ligeros, pero fuertes. Sin embargo, hallamos en Andalgalornis que estos puntos de movilidad se han convertido en uniones rígidas, inmóviles. Este ave tiene un cráneo fuerte, a pesar de tener un pico curiosamente hueco", explicó Lawrence Witmer, de la Ohio University College of Osteopathic Medicine, profesor de paleontología y anatomía. La evolución del pico estaría presuntamente asociada a la pérdida de la capacidad de vuelo, así como a su gran tamaño.
Los "pájaros del terror", que se alimentaban de mamíferos hoy extintos y competían con marsupiales diente de sable, se convirtieron en los principales depredadores de su entorno
Para llegar a esta conclusión, los investigadores utilizaron un escáner del cráneo del animal realizado con tomografía computerizada y técnicas de ingeniería, que permitieron reproducir sus movimientos en tres dimensiones en un ordenador. Es la primera vez que se analiza el método de ataque de un ejemplar de un grupo ya extinto de grandes aves no voladoras de la familia Phorusrhacidae, conocidas popularmente como "pájaros del terror" por su imponente tamaño.
En concreto, el ejemplar estudiado vivió en el noroeste de Argentina hace seis millones de años, medía 1,4 metros de alto y pesaba unos 40 kilos. Su cráneo, extremadamente rígido, medía 37 centímetros y estaba dotado de un pico curvado como el de un halcón y sorprendentemente hueco por dentro. Las técnicas muestran que la ágil criatura atacaba y se echaba hacia atrás repetidamente tras cada preciso golpe que propinaba a su víctima. Los detalles han sido publicados en la revista PLoS ONE.
Los científicos, de Argentina, EEUU, Australia y Francia lograron determinar su método de caza al comparar modelos en 3D del pájaro del terror y de dos especies actuales, el águila y la seriema, considerada como su pariente vivo más cercano. Los investigadores también midieron la fuerza de la mordedura del ave en comparación con el águila y la seriema y determinaron que era menor de lo esperado. Por ello, el "ave del terror" se veía obligado a emplear un método parecido al de los boxeadores, consistente en una estrategia de ataque y retirada, con golpes precisos como los de un hacha.
"Las aves en general presentan un cráneo con gran cantidad de puntos de movilidad entre los huesos que lo componen, que les permite tener cráneos ligeros, pero fuertes. Sin embargo, hallamos en Andalgalornis que estos puntos de movilidad se han convertido en uniones rígidas, inmóviles. Este ave tiene un cráneo fuerte, a pesar de tener un pico curiosamente hueco", explicó Lawrence Witmer, de la Ohio University College of Osteopathic Medicine, profesor de paleontología y anatomía. La evolución del pico estaría presuntamente asociada a la pérdida de la capacidad de vuelo, así como a su gran tamaño.
Los "pájaros del terror", que se alimentaban de mamíferos hoy extintos y competían con marsupiales diente de sable, se convirtieron en los principales depredadores de su entorno
En lo que puede ser uno de los mayores hallazgos de este año, un
grupo de arqueólogos encontró la ciudad perdida de Chactún, de la
civilización Maya.
Chactún, que en su lengua original significa "Piedra roja" o "Piedra
grande", fue una ciudad con una extensión de aproximadamente 22
hectáreas en las que convivían plazas, calles y monumentos, ahora
enterrados bajo la densa vegetación de las selvas de Campeche.
El líder del equipo de arqueólogos, Ivan Sprajc, profesor asociado de
la Academia de las Artes y Ciencias de Eslovenia, comenta que el lugar
pudo haber albergado entre 30 mil y 40 mil habitantes, siendo un poco
más pequeña que Tikal, en Guatemala. El apogeo de Chactún se produjo
entre los años 600 y 900 AD.
Perdido en la Reserva de la Biósfera de Calakmul, en la península de
Yucatán, este lugar fue descubierto a través de fotos áreas de alta
resolución. Fue necesario un tiempo de 3 semanas sólo para despejar la
selva y crear un camino de acceso, pues la zona estaba llena de
vegetación.
Este descubrimiento, aprobado por el Instituto Nacional de
Antropología e Historia y financiado por la National Geographic Society y
dos empresas europeas, pretende arrojar luz sobre el modo en que vivían
los mayas, así como su misteriosa desaparición hace más de mil años.
Los restos fósiles de una nueva especie de úrsido, Agriarctos beatrix, han sido descubiertos en el yacimiento de Nombrevilla 2, en' Zaragoza. Se trata de un oso de reducido tamaño,
incluso menor que los ejemplares de oso malayo, los más pequeños
encontrados en la actualidad, según se hace eco la agencia SINC. Los
investigadores, del Museo Nacional de Ciencias Naturales (MNCN-CSIC) y
de la Universidad de Valencia, sugieren que este plantígrado vivió durante el Mioceno, hace 11 millones de años.
Aunque es difícil conocer su apariencia externa porque solo se han encontrado piezas dentales fósiles, los científicos opinan que debía de tener un pelaje oscuro con manchas blancas ubicadas sobre todo en el pecho, alrededor de los ojos y posiblemente en la parte más próxima a la cola. "Este patrón es el considerado como primitivo para los osos, similar al del panda gigante que, en realidad, tiene las manchas tan grandes que parece que sea blanco con manchas negras", aclara Juan Abella, coautor del trabajo que ha sido publicado en la revista Estudios Geológicos.
Agriarctos beatrix, de la familia Ursidae y emparentado con los pandas gigantes, habría sido un animal que vivía en el bosque y pudo tener hábitos más sedentarios que osos cazadores como el pardo o el polar. Según los investigadores, seguramente el úrsido extinto escapaba de otros carnívoros más grandes trepando a los árboles. Su dieta debió de ser parecida a la del oso malayo y el de anteojos que se alimentan casi exclusivamente de vegetales y fruta y ocasionalmente de algunos pequeños vertebrados, insectos, miel y carroña. El descubrimiento rebaja de 9 a 11 millones de años la aparición de este grupo de osos emparentado con los pandas gigantes y localiza su origen en las cuencas nororientales de la Península Ibérica.
Las causas que llevaron a su extinción aún están por determinar pero "lo más probable es la apertura de los bosques a zonas más abiertas y secas, y la aparición de especies similares más competitivas y más grandes", aclara Abella.
Aunque es difícil conocer su apariencia externa porque solo se han encontrado piezas dentales fósiles, los científicos opinan que debía de tener un pelaje oscuro con manchas blancas ubicadas sobre todo en el pecho, alrededor de los ojos y posiblemente en la parte más próxima a la cola. "Este patrón es el considerado como primitivo para los osos, similar al del panda gigante que, en realidad, tiene las manchas tan grandes que parece que sea blanco con manchas negras", aclara Juan Abella, coautor del trabajo que ha sido publicado en la revista Estudios Geológicos.
Agriarctos beatrix, de la familia Ursidae y emparentado con los pandas gigantes, habría sido un animal que vivía en el bosque y pudo tener hábitos más sedentarios que osos cazadores como el pardo o el polar. Según los investigadores, seguramente el úrsido extinto escapaba de otros carnívoros más grandes trepando a los árboles. Su dieta debió de ser parecida a la del oso malayo y el de anteojos que se alimentan casi exclusivamente de vegetales y fruta y ocasionalmente de algunos pequeños vertebrados, insectos, miel y carroña. El descubrimiento rebaja de 9 a 11 millones de años la aparición de este grupo de osos emparentado con los pandas gigantes y localiza su origen en las cuencas nororientales de la Península Ibérica.
Las causas que llevaron a su extinción aún están por determinar pero "lo más probable es la apertura de los bosques a zonas más abiertas y secas, y la aparición de especies similares más competitivas y más grandes", aclara Abella.
Un equipo de físicos de la Universidad de Queensland en Australia ha
logrado exitosamente teleportar un átomo de una locación a otra dentro
de un chip electrónico. El avance podría suponer un crecimiento en redes
eléctricas así como una mejora en los dispositivos electrónicos.
Durante el proceso de teleportación cuántica, se traspasó información del átomo de un lugar a otro de manera instantánea y sin la necesidad de un soporte físico. De acuerdo con el Dr. Arkaday Federov, partícipe del experimento, la información aparece en el destino de manera similar a la teleportación de la popular serie Star Trek.
La clave detrás de la teleportación yace en un tipo especial de correlación llamada etrelazamiento cuántico, entre un remitente y un receptor. Esto es, cuando dos sistemas cuánticos entran en contacto y permanecen conectados instantáneamente. Una vez que se logra, las leyes de la mecánica cuántica hacen posible transferir la información.
La increíble teleportación fue recreada por primera vez dentro de un circuito similar al que contienen los chips de las computadores modernas. La información trasladada alcanza su destino no sólo con una velocidad impresionante, sino también con una precisión mayor a la alcanzada hasta ahora.
Los investigadores continúan experimentando con el proceso de teleportación en circuitos para eventualmente crear tecnología más avanzada. Gracias a la aplicación de la física cuántica, algún día se podrán tener sistemas de comunicación más seguros y eficientes.
Durante el proceso de teleportación cuántica, se traspasó información del átomo de un lugar a otro de manera instantánea y sin la necesidad de un soporte físico. De acuerdo con el Dr. Arkaday Federov, partícipe del experimento, la información aparece en el destino de manera similar a la teleportación de la popular serie Star Trek.
La clave detrás de la teleportación yace en un tipo especial de correlación llamada etrelazamiento cuántico, entre un remitente y un receptor. Esto es, cuando dos sistemas cuánticos entran en contacto y permanecen conectados instantáneamente. Una vez que se logra, las leyes de la mecánica cuántica hacen posible transferir la información.
La increíble teleportación fue recreada por primera vez dentro de un circuito similar al que contienen los chips de las computadores modernas. La información trasladada alcanza su destino no sólo con una velocidad impresionante, sino también con una precisión mayor a la alcanzada hasta ahora.
Los investigadores continúan experimentando con el proceso de teleportación en circuitos para eventualmente crear tecnología más avanzada. Gracias a la aplicación de la física cuántica, algún día se podrán tener sistemas de comunicación más seguros y eficientes.












